Hay Esperanza en Jesús.
Aquel que dividió la historia en antes y después tiene el poder de restaurar tu presente, sanar tu corazón y darte un propósito eterno.
¿Quién es Jesús?
Jesús no es una simple figura del pasado ni un concepto religioso abstracto. La Biblia nos enseña que Él es Dios manifestado en carne (1 Timoteo 3:16), quien vino a este mundo movido por un amor infinito para reconciliar al ser humano con su Creador.
Su vida terrenal fue un testimonio inigualable de compasión, verdad y poder: sanó a los enfermos, libertó a los cautivos, consoló a los quebrantados de corazón y proclamó que el Reino de Dios se había acercado.
La Cruz y la Resurrección
En la cruz del Calvario, Jesús llevó voluntariamente nuestras rebeliones, nuestros dolores y la consecuencia de nuestros pecados. Su sacrificio fue perfecto y suficiente para otorgarnos perdón completo.
Pero la historia no terminó en un sepulcro: al tercer día resucitó victorioso sobre la muerte, demostrando su soberanía eterna y garantizando la esperanza de la resurrección y vida eterna para todo aquel que cree en su Nombre.
03 / UN NUEVO COMIENZO
¿Cómo Puedo Acercarme a Dios Hoy?
No necesitas tener una vida perfecta para venir a Dios. La salvación es un regalo de gracia que se recibe con un corazón sincero. Estos son los pasos bíblicos para iniciar una nueva vida en Cristo:
1. Reconoce tu necesidad de Dios
Reconoce sinceramente tus faltas y toma la decisión de apartarte del pecado, volviendo tus ojos y tu corazón al Señor con un arrepentimiento genuino (Hechos 3:19).
2. Cree en el Señor Jesucristo
Pon toda tu confianza en su sacrificio y en su resurrección, aceptándolo como el único y suficiente Salvador y Señor de tu vida (Romanos 10:9).
3. Da el paso del Bautismo en su Nombre
La ordenanza apostólica enseña el bautismo por inmersión en el Nombre de Jesucristo para perdón de los pecados y el recibimiento del don del Espíritu Santo (Hechos 2:38).
«Señor Jesús, hoy reconozco que te necesito. Te pido perdón por mis errores y pecados. Abro la puerta de mi corazón y te recibo como mi Señor y Salvador. Limpia mi vida, sáname y enséñame a caminar en tu verdad. Amén.»
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